Educación 001

Jorge Villabona
Jorge Villabona 9 de febrero de 2023

EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Hoy comienzo a volcar mis reflexiones sobre la educación en un sentido amplio.

No tengo intención de estructurarlo mucho, de hecho, tengo intención de hacer lo contrario que será no estructurarlo nada. Sólo incluir pensamientos alrededor de la educación, retos que me encuentre, decisiones que tenga que tomar que me incomoden o temas que vea de los que no soy capaz de estar del todo seguro cuando opine o me pidan mi opinión.

Y para empezar por algún lado, voy a empezar por el más difícil hoy en día: la educación de los hijos. Insisto en la intención de no categorizar. Y para muestra un botón: esto, ¿qué sería? ¿educación infantil? ¿rol de los padres frente al colegio? ¿»soft skills» frente a «hard skills»? ¿educación internacional, pública, concertada nacional? ¿sistema clásico autoritario o moderno y flexible y empático? ¿conocimientos innatos o «tabula rasa»? Pues todas. Por eso es tan complicado.

 

Mateo, Emma y Marta.

Mi primer gran conflicto (como padre de 3 hijos) ha sido asumir que la educación no es un juego de suma 0. Afrontamos los esfuezos bajo la lógica del sacrificio de una de las partes y el consiguiente beneficio para ellos, y viceversa. Es decir, me quedo sin algo como padre para el beneficio de mis hijos; castigo al niño para su beneficio; hago yo sus tareas para que tenga más tiempo para sus deberes. Y, no. En la mayoría de las ocasiones no hay equilibrio en ninguna de las partes. Si acaso, existirá algún día dicho equilibrio entre el sacrificio y el beneficio percibidos. Y esto es importante entenderlo cuanto antes porque si no, caemos en el error de pensar que la educación a esas edades es imposible, injusta, cansada, en definitiva, para otros.

Lo que me lleva al siguiente gran punto: la educación de los hijos es responsabilidad de los padres. Y esto se demuestra y se consigue sólo a través del ejemplo, del ansiado equilibrio entre la autoridad y la motivación y la flexibilidad y la empatía y el medio plazo y la oportunidad y la suerte. Ansiado y utópico equilibrio. Suena raro cuando lo cuento pero me tomo esto de la educación de mis hijos como un reto. Un reto que me apetece afrontar y en el que me apetece tener cierta razón y éxito, sin falsas modestias. Todo lo que vean en mi mujer y en mí es educación. Todo lo que digamos, nos equivoquemos, pidamos perdón, exijamos, cedamos y hagamos durante cada minuto que estemos con ellos es Educación con mayúsculas. Hoy ni abro el debate de que esta Educación con mayúsculas la dejemos en mano de profesores, amigos ó dispositivos electrónicos. Simplemente, no me hace sentido. Que participen, que apoyen, que complementen pero hasta ahí.

La atención y gestión de la educación parte de los padres. Y esto puede sonar y ser de una sensibilidad extrema pero la educación de los hijos implica la máxima atención. En esta época que vivimos desde hace varias décadas nos debatimos (y sufrimos) entre nuestra vida profesional y personal. Creemos poder conciliar ambas. Creemos poder dividir esfuerzos centrándonos en una y cambiando el rumbo hacia la otra. Creemos que tiene sentido romper con los anticuados (y perversos) roles del padre y de la madre o lo que ya da para otro post entero, creemos que nuestra atención, si es súper intensa, sustituye la falta de atención más prolongada. Y qué decir de sustituir la atención, siquiera corta pero intensa, por lo material (…). Pero no acaba aquí el debate. Creemos que una atención prolongada e intensa significa estar todo el día pendientes, no dejarles que sufran, que se equivoquen, que se caigan o que aprendan por sí mismos, vamos, que vivan plenamente. Y aquí surge otra vez el maldito equilibrio. Pues sí.

Sin ningún ánimo de cerrar los puntos sobre la educación de los hijos pero sí con la obligación de cerrar este primer post, creo que también es de recibo y no circunstancial recordar que la educación de los hijos es tu mejor herencia. En un mundo tan cambiante donde no tenemos ni la más absoluta idea de qué ocurrirá en las próximas decadas con fuerzas tan sobrenaturales como la tecnología (Internet, Inteligencia Artificial, Física Cuántica, Robótica, Blockchain, etc.), la globalización, las humanidades, o los conflictivos Cambio Climático, Avances Médicos y Biotecnológicos y Alimenticios, nuestros hijos deben contar con la mejor base posible. Una base que les ayude a moldearse adecuadamente, a ser permeables al cambio y sobre todo, consistentes en sus valores y sólidos en su salud mental. Que, sin ningún afán de protagonismo por mi parte, recuerden a sus padres como «los que me enseñaron a educar a mis hijos».

Dos recomendaciones (que intentaré hacer siempre en esta serie de artículos):

. Libro: Padres fuertes, hijas felices.

. Post: Las reglas de oro para educar, según John Locke.