Todo se puede entrenar

Jorge Villabona
Jorge Villabona 7 de febrero de 2024

Toni Nadal – Ediciones Alienta – Todo se puede entrenar

Para poner en contexto esta crítica, debo contar una historia personal previamente: hace unos años tuve la oportunidad de ir a cenar a Diverxo, el que lleva más de 10 años en el Top-3 de restaurantes del mundo (actualmente el #1 durante 2 años seguidos). Su chef, el conocido Daviz Muñoz, no es de mi agrado. Tengo clarísimo que no quita ni un ápice de mérito u objetividad a su genialidad su particular forma de ser. Pero me cuesta mucho digerir que, justo por ser un genio, no sea, además, un tipo normal. Es más, voy en contra de que los genios, por genios, tengan que ser intensos, egocéntricos, raros, excéntricos o, simplemente, estúpidos. Creo que, ya que son genios y en muchos casos por su absoluto mérito y no por regalo divino, deberían aprovecharlo para ser normales, e incluso, ejemplo para otros.
Por todo esto, absolutamente personal como digo, fui a esa cena con la actitud de quien cree que su opinión importa algo. Me atreví incluso, a pesar de que la experiencia no es especialmente barata, a desear, de alguna manera, a que esta experiencia no acabase bien. A tener razón en que, “como sólo le gusta llamar la atención” o que como “hay veces que da vergüenza ajena”, no iba a resultar tan bien la cena y, por supuesto, no iba a merecer el precio o el tiempo invertido. Efectivamente mi opinión no importaba nada. Fue la mejor cena de mi vida. Pude comprobar, y entiendo algo de cocina y de cocinar, que es lo más cerca de la genialidad culinaria que iba a estar en mi vida.

Parte de todo esto me ha vuelto a pasar con el libro de Toni Nadal. Quería que fuese un mal libro. Quería constatar mi animadversión con Toni, con la imagen que proyecta y con mucho de lo que suele decir (en público) o escribir (en
público).

No sólo es falta de sintonía. En muchos foros he compartido sin reparo y de forma tajante que no me gusta porque él está equivocado o porque sus mensajes son incorrectos y faltos de base o aplicación práctica. He dedicado al mundo de la educación mis últimos 10 años a nivel profesional y, sin ser autoridad alguna, he conseguido entender mucho de las lógicas alrededor de la formación, de sus códigos y de objetivos y resultados.
Lo gracioso, sobre todo con este contexto, es que un muy buen amigo, me regaló hace unos días el libro firmado por Toni Nadal: “Para Jorge Villabona, con todo mi afecto”…no jodas.

Huelga decir que aquí también me he equivocado. En parte.

Toni demuestra durante el libro que sus bases de entrenamiento son correctas, avaladas durante miles de años. La actitud del entrenado, la ejemplaridad de su comportamiento, la docilidad para con su entrenador y con la autoridad, el tesón por avanzar y no desistir, la ambición y el respeto por el deporte, sus reglas y, sobre todo, por los oponentes. Cita escuelas de pensamiento (la Academia de Platón, la Academia de Atenas, los Estoicos…) como sustento de estas sólidas bases.
Toni enfrenta al lector con evidencias que le dan más la razón todavía: cómo desde hace pocas décadas, condicionados por el cambio de actitud de padres/ educadores para con los niños o por la incorrecta interpretación de la autoridad y la exigencia, hemos dejado a varias generaciones caminar hacia peligrosas zonas de no retorno. Zonas donde perder es injusto o donde quejarse es parte del esfuerzo. Aquí no puedo estar más de acuerdo.
Toni exhibe su dureza inapelable y su modelo de instrucción unilateral como parte del secreto de la consecución del milagro: alcanzar el éxito. No sólo eso sino que, a sabiendas muchas veces de lo injusto de este modelo, insistir en el mismo y no cejar de tapar cualquier resquicio de salvedad o excepción es parte de dicho modelo de éxito.
Por último, Toni aplica todo esto sobre las espaldas de su sobrino Rafa como prueba irrefutable de su validez.

Empiezo por lo bueno:
– Creo que Toni debería tener una Escuela de Pensamiento. Lo común de las escuelas que él mismo cita es que estaban fuera de su época, eran revolucionarias e innovadoras pero sobre todo, aplicables a unos pocos, casi ni a ellos mismos se podía aplicar. Muchas eran perseguidas y anuladas. Pero creo sinceramente que lo que consiguieron esas escuelas es de aplicación a la nueva escuela de Toni. Con el tiempo veremos muchas cosas buenas que aplicar, de forma matizada y ajustada, al común de los mortales. Creo que mucho de lo que dice el libro cambiaría para bien los compartamientos, entrenamientos, modelos de trabajo y procesos para conseguir el éxito.
Como ya tienen una Academia de Tenis, es un perfecto comienzo.
– Me equivocaba con respecto a Toni. Me ha parecido un tipo envidiable. Pero envidiable desde la perspectiva de mi envidia hacia él. Un tipo inteligente. Un tipo ansioso de conocimiento. Un tipo de proceso, de metodología y de acción y reacción. Un tipo capaz de hacer cruzada de algo tan complejo como discutirlo todo y contra todos. Un tipo que se jacta de decir que lo que más le gusta es discutir de algo y el día siguiente hacerlo desde la postura contraria con igual fuerza y confrontación.

Ahora lo no tan bueno:
– Entrenar no es educar. Entrenar sobre una educación inopinable es diferente que entrenar sobre una educación laxa o incompleta. Me encantaría que su “todo se puede entrenar” sirviese para todos pero no es así. Hubiese preferido un título tipo: “Todos se pueden educar”. Sería un libro muchísimo mejor.
– Su metodología no es escalable: tratar al sujeto educado como un único ente me parece un error. Nuestra complejidad y diversidad exige una metodología flexible. Para nada personalizable pero férrea, estructurada y flexible.
– La definición de éxito es algo multi-forme. Casi multi-dimensional. Educar y entrenar a alguien para “tener éxito en deportes de élite” es más similar a “tener éxito en combate de guerra” que a “tener éxito en el trabajo” o “tener éxito en la vida”. Este libro sirve para lo primero, no para lo segundo.
– Cita innumerables fuentes “que no recuerdo muy bien” y defiende posturas “que son muy personales” como argumentos incontestables. O eres experto o no lo eres. O te respaldan las fuentes o no te respaldan. Y en ambos casos, si es tu opinión, absolutamente respetable y más tratándose de quién eres y a quién has entrenado y qué habéis conseguido, es sólo tu opinión. No es argumento de nada. O eres Mourinho, o eres Guardiola. No puedes ser Mourinho pero pedir perdón.

Por último, y como pensaba de Daviz Muñoz y su indudable genialidad, pienso que Toni sería un tipo infinitamente más querido, respetado, seguido y por ende, con mayor autoridad como educador o entrenador, con una actitud más cercana, más de responsable de una escuela de pensamiento que de una escuela de gladiadores.

Y gracias por la firma. Como digo, mi opinión no vale para nada más que para tener un contexto y un lugar desde donde el que leer y aprender de libros como éste, aunque no me gusten.